Día 37.- Madrugón y visita a las cascadas

​Hoy teníanos un día agetreado, o eso pensabámos.

Eran las 4:45 de la mañana cuando sonaba el despertador, durante toda la noche no había parado de llover y, por supuesto, ahora tampoco. Nos levantamos y vestimos medio sonámbulas y salimos a la calle.

En la recepción del Guest House, uno de los chicos duerme en el suelo, en compañia de varias motos. Intentamos hacer el minimo ruido posible. Nos damos cuenta que el chubasquero que Helena dejó colgado ayer noche no está, tocará coger una chaqueta.

Es de noche y no hay ni un alma por la calle. Llegamos a la calle principal y vemos como hay diferentes puestos donde venden arroz y galletas para dar a los monges. Nos dicen que salen a las 6.00 a.m y son apenas las 5:10 a.m. una rabia interior invade nuestro ser, pero callejeamos de arriba abajo buscando el mejor lugar.

A las 5:50 a.m, aparecen los primeros monges en hilera. Nos sentamos en unas sillitas como buenas giris y les damos algo de dulces y un pequeño e insignificativo puñadito de arroz.

A las 6.30 am ya ha acabado el desfile y vamos a un local francés a desayunar como reinas. El mejor café con leche, chocolate caliente y croissante de la história.

Luego, volvemos a descansar hasta las 8:10, pues nos tenían que llevar hasta el enbarcadero para coger un bote en el río Mekong hasta las famosas cuevas. En este momento,  uno de los chicos que trabaja en el hotel aparece en moto con el chubasquero de Helena puesto! Le dice que se lo había cogido prestado, jajajaj.

A todo esto,  son las 8.30 cuando nos llevan en moto hasta el río y, como era de esperar, el bote se había ido. Nos proponen pagar un poco más y coger un bote privado, pero no aceptamos (ya habíamos pagado de más) así que  lloviendo, paseamos un poco más y volvemos al guest house hasta las 11:15, donde nos viene a buscar una minivan para llevarnos a las cascadas. (Más tarde nos devolverían el dinero del viaje en bote)

La ruta dura alrededor de una hora, pagamos 2 euros por entrar y ver una cascada impresionante, con otras más pequeñas y un centro de recuperación de osos.

Pasamos tres horas, tanto visitando las cascadas como comiendo en el lugar. Por suerte, ya había parado de llover y se respiraba un aire más apetecible.

De vuelta a Luang Prabang, descansamos unos minutos y salimos de nuevo al centro para merendar unas deliciosas creeps de Nutella y comprar algún que otro  souvenir en el mercado artesanal.

De regreso al guest house para ducharnos, comprar los tickets de bus e ir a cenar que mañana toca madrugar (6.00 a.m) para ir hacia Vang Vieng! A ver que nos pasa esta vez.

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