Hoy tocaba viajar hacia Ao Nang. A las 7 de la mañana nos levantamos y caminamos hasta la estación de buses para comprar los billetes.


El bus, o mejor dicho, la minivan, salía a las 8:30 h pero nos comentan que está todo lleno y debemos esperar hasta las 10:30. Preguntamos en otro sitio que sí tienen más horarios pero es bastante más caro así que, como no tenemos prisa, compramos el ticket para las 10:30 por 260 BTH cada una y nos dirigimos al «7 eleven» para comprar un par de sandwich (aquí los calientan en la sandwichera, buenísimos).

Esperamos sentadas en la estación, viendo las horas pasar, mientras leemos un libro o repasamos el planing de los próximos días. Finalmente, y puntual, llega la minivan. Nada que ver con los buses que hemos cogido hasta ahora por Malasia. Aquí vamos estrechas, sin poder estirar casi los pies, acaloradas y, en este trayecto, nos acompaña una gallina dentro de una caja de cartón 😅. Las horas se hacen largas, pero entre lectura, cabezadita y alguna peli, todo acaba pasando. También hemos hecho una parada de 10 minutos para ir al baño y comprar unas patatas de plátano y una especie de croissant pequeño de curry.

Llegamos a Krabi y ahí cogemos una espècie de taxi colectivo por 60 THB y en 40 minutos aproximadamente llegamos a la zona más comercial de Ao Nang.  Al bajar, buscamos nuestro hotel donde pasaremos las próximas noches.

La habitación está súper bien. El baño lo tenemos en la terraza pero por todo lo demás, no tenemos ninguna queja. Habíamos leido comentarios de otros huespedes que se quejaban del lugar, pero es gente demasiado quisquillosa. Para acceder a las habitaciones debemos cruzar un restaurante indio, pero tampoco hay para tanto (nos cuesta unos 6 euros la noche por persona y estamos en pleno centro).

Después de ducharnos hemos salido para caminar un poco y ver la oferta gastronomica del lugar. Hay cientos de tiendas con todo lo que uno se pueda imaginar. Ropa, bañadores, souvenirs, supermercados, mochilas, pendientes, peluquerías, masajistas, etc… Y, evidentemente, muchos restaurantes con mucha variedad de comida y precios. Aquí podemos comer lo que nos apetezca. Evidentemente, los precios son un poco más elevados que en otras zonas, pero tampoco exagerados.

Al cabo de un rato y, teniendo en cuenta que no habíamos comido, nos plantamos a las 19:00 a cenar en un restaurante donde comemos un pat Thai vegetal, arroz blanco y verduras con curry amarillo acompañado con un nan de queso y cerveza tailandesa.

Vuelta por el paseo, preguntando precios de transporte para nuestra siguiente parada y cogiendo ideas de actividades para los próximos dias.


Deja un comentario