Si ayer pasamos una noche calurosa, la de hoy no sabríamos como describirla.
A las 7’25 salíamos de la habitación para devolver la moto y caminar hasta el puerto para desayunar. Nuevamente muesli con yogurt y fruta en el restaurante Zest (75 BTH cada una). Luego hemos callejeado por la avenida principal paralela a la playa y nos hemos hecho unas fotos en un columpio enorme.
Sobre las 10:00 estábamos de vuelta al hostel para ducharnos y hacer las mochilas ya que a las 11:00 debíamos hacer el check-out.

Una vez realizadas todas las gestiones intentamos comprar el billete de bus hacia Bangkok pero no hay manera. De camino al puerto preguntamos en unas agencias pero nos llevan de un lado a otro sin conseguir nada. Al final, debemos resignarnos e intentar comprar los billetes cuando bajemos del ferry, a ver si tenemos suerte. Es curioso que las agencias ofrezcan todo esto y luego realmente no te vendan los billetes o no te sepan dar opciones, derivándose de un sitio a otro cuando lo tienen en el panel informativo de la puerta.
Hacemos tiempo en la terminal antes de subir a comer al mismo restaurante donde cenamos ayer. Ésta vez pedimos Pad Thai y dos smoothies, uno de sandia y el otro de papaya. Regresamos al puerto a las 13’45» ya que nos habían dicho que debíamos estar 1hora antes de la salida del ferry. Hemos hecho una cola en la pasarela de madera que hay y hemos salido bastante más tarde de lo previsto ya que el ferry que venia hasta Koh Tao, al parecer, también ha salido tarde del puerto… Vamos, un pez que se muerde la cola.
Una vez en el puerto de Chumphon, nos hemos dado cuenta que no había nada. Sólo el monopolio de la empresa de ferry que gestionaba los billetes a diferentes partes. No nos ha quedado otra que comprar el billete con ellos. Nuestra idea inicial era coger el bus nocturno a Bangkok para llegar a las 5 de la mañana pero al cogerlo con ellos hemos acabado llegando a las 2’30, así que en una estación de servicio donde hemos parado y dónde habia wifi hemos reservado rápidamente un hotel cerca de la calle de los mochileros, que es donde nos deja el bus.
El bus era realmente cómodo, ancho, reclinable con aire acondicionado y incluía una botella de agua (600 BTH). Hemos conocido a una familia catalana muy divertida con la que nos hemos entretenido hablando de destinos y atracciones turísticas de la zona.
Una vez llegamos al centro de la ciudad, caminamos 10 minutos antes de llegar al hotel y paramos a comprar un sandwich. Nos instalamos, nos duchamos y a dormir. A ver qué aventura nos espera mañana.