Son pasadas las 5 de la mañana cuando nos despertamos por el estruendo de rezos musulmanes. Parece una llamada a la guerra! Aún así, conseguimos volvernos a dormir y, a las 7:15 estamos listas para subir al minibús que recoge a otros turistas. Todos vamos al mismo destino, el desierto del Sáhara. Tres días y dos noches. Una noche durmiendo en las gargantas del Dades y la otra, en el desierto. El pack nos ha costado 90€ por persona e incluye el traslado de ida y vuelta, las dos noches en habitación privada, dos desayunos y dos cenas. 

En el minibús vamos 18 personas: 2 italanias, 2 canadienses, 2 australianos, 2 catalanes, 2 senegaleses, 4 indues, una japonesa, un francés i nosotras. Un mixt interesante. 

Sabemos que va a ser un trayecto largo y con varias paradas. Van a ser 3 días todos juntos, así que esperamos tener buena relación. Al principio hay poca comunicación pero a medida que avanza el día, vamos intercambiando más palabras y nos vamos conociendo todos un poco más.

Antes de llegar a Ait Ben Hadou, hacemos un par de paradas. Una para ir al baño en la «puerta del Atlas» y la otra a 2200m para contemplar las vistas de la zona.

En el pueblo de Ait Ben Hadou nos acompaña un guia (3€) quien nos explica (más bien poco) sobre las edificaciones. La verdad es que lo que nos cuenta ya lo sabíamos. Es una zona de casas construidas a base de barro y paja (es decir, adobe). Actualmente sólo viven 5 familias ya que casi todas se han ido a la zona nueva que está cruzando un gran puente, construido en 2014 por la UNESCO. Con estebpuente también quieren potenciar la zona e intentar que las familias vuelvan a las casas originales. Cuesta de imaginar que ésto llegue a pasar pues se ha convertido en un centro turístico. Aparte, se han rodado varias películas que es lo que han hecho que sea famoso (como Gladiator y Ali Baba). Paseamos por las pequeñas calles, a un paso lento y aburrido. No hay mucho que ver y el guía no explica nada. Se nos hace eterno el recorrido (y quizá no hemos caminado ni un km), hace calor y tenemos hambre. Son pasadas las 14:00h, al salir tan temprano no hemos ido a desayunar a ningún lado y nos ha salvado un paquete de galletas que teníamos como provisiones. 

Durante la visita, nos enseñan como pintan unos pequeños pergaminos a base de té con azúcar y, quemándolo acaba saliendo el dibujo. También intentan que nos compremos unos pañuelos (a un precio desorbitado) para ir bien preparadas para el desierto. Suerte que somos previsoras y ya veniamos con los deberes hechos.

Nos montamos unos 45 minutos más en el bus dirección a Ouarzazate, donde acabamos todos juntos en la terraza de un restaurante comiendo pasadas las 15:15 h.  Me indigna un poco que nos «obliguen» a comer todos en el mismo sitio, sin opción a poder escoger otro lugar o otras opciones de comida. También a un precio bastante alto, 130 dirhams, cuando en Marrakech el mismo menú lo encontras por 90 (el más caro). 

De regreso al bus aprovechamos para ver algun capítulo de una serie y dormir. Qué más podemos hacer? Por suerte, en una de las paradas Aida le dice al conductor si puede poner el aire (nos estamos achicharrando) y en el valle de las Rosas (una parada inútil que hacemos) nos activan el aire y todo mejora por momentos.

El camino se hace eterno hasta llegar a las zona de las gargantas del Dades. Son las 20:00 cuando hacemos el check -in en el hotel «La Gazelle del Dades».  La habitación está bien, es amplia y el internet funciona bien.

A las 20:30 bajamos a cenar. Estamos todos juntos en una misma mesa. Nos dan sopa, que es una mezcla de verduras, lentejas y pasta. Seguida de un trozo de pollo con olivas, pasas y cuscús de verduras.

Finalmente, subimos a la habitación a ducharnos y descansar. Mañana nos volvemos a levantar temprano para seguir el trayecto, esta vez llegaremos a nuestro deseado destino!


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