Hoy nos tocaba la última etapa de nuestra corta aventura por Mallorca.
A las 8:00 estábamos preparadas para el desayuno. A través de la ventana vemos que ha nevado un poco esta noche. El guarda del refugio nos comenta que es algo insólito, que hace años que eso no pasa en una cota tan baja como la que estábamos.

Acabamos de recoger las cosas y emprendemos los últimos km hasta Pollença.
El camino es senzillo. Al principio con un poco de subida pero luego todo cuesta abajo y llano. Quizá ha sido una de las etapas más monótonas y «aburridas» puesto que no conllevaba ningún tipo de esfuerzo y los movimientos eran todo el tiempo iguales. Cuando tenemos subidas y bajadas se hace más ameno y, a la vez, más atractivo. También es cierto que había muchas piedras sueltas y eso nos ha dificultado un poco el ritmo y ha acelerado tener (un poco) de dolor de pies.


Hemos llegado a Pollença sobre las 12:20h y de ahí hemos ido dirección al bus que nos llevaba a Inca donde íbamos a encontrarnos con unos amigos. En vista que el bus tardaba más de 30 min en llegar, hemos probado suerte haciendo autoestop y enseguida nos ha parado una pareja alemana y llevado hasta la mismísima entrada del pueblo. Poco después llegaba Octavi y Miriam que nos han llevado hasta Petra para comer en un restaurante típico mallorquín muy rico (es Celler de Petra).

Tras degustar algunos de los típicos platos (arròs brut, frit de matances, berenjena rellena de pescado, gató d’ametlla y alguna cosa más), nos hemos despedido en la estación de tren que nos llevaba a Palma, para acabar merendando ensaimada y comprando alguna para la família. De ahí, bus directo al aeropuerto, check-in y embarcamos a las 22:00. Ha sido un día intenso y mañana toca madrugar y volver a la realidad.


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