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Día 39.- Cuevas y blue lagoon

Empezamos la mañana con un buen desayuno que nos ofrece el Hotel, buscamos la ruta que haremos hoy en googleMaps y de camino a alquilar un par de motos, pasamos por la tienda de móviles. Aún no saben nada a cerca de mi teléfono, tocará esperar hasta las 14.00 h.

Alquilamos dos motos automáticas por 5 euros cada una. Saskia va conmigo de paquete y Helena conduce sola por primera vez.

Camino a la gasolinera, atravesamos un charco profundo y fangoso que hace que tengamos que undir los pies dentro de él hasta más arriba de los tobillos y, Saskia unde parte del culo y espalda también. Así que volvemos al guest house a ducharnos, cambiarnos de ropa y calzado y empezar el día.

Nos dirigimos hacia unas cuevas, estan a tan sólo 8 km por una bonita y tranquila carreterita que une casitas, campos y vistas increibles.

Entramos al recinto donde pagamos un euro por persona, aparcamos las motos y vemos el famoso “blue lagoon”, no era exactamente lo que esperabámos pero más tarde nos daremos algún que otro chapuzón.

Empezamos a subir por un sendero empinado, con escaleras naturales. El sudor empieza a apoderase de nosotras y, cuando llegamos arriba y entramos a la enorme cueva, notamos muchisimo más la humedad. La cueva está oscura y dentro de ella podemos observar un pequeño buda reclinado (quién lo habrá metido ahí?).

Bajamos con ganas de agua, así que nos tiramos con la pequeña cuerda que hay y de lo alto de un árbol. Una vez frescas, volvemos a coger la moto.

Esta vez, vamos en busca del otro lago que, por supuesto, no encontramos, así que decidimos seguir las indicaciones hasta otra cueva. Callejeamos por un camino de tierra y llegamos al punto donde pone ticleks, pero no hay nadie, así que seguimos avanzando, cruzando un pequeño puento de madera y adentrandonos a unos arrozales.

Por sorpresa, aparece un niño de 10 años, corriendo y pidiendonos el ticket, como no lo teníamos, le pagamos in situ, y nos acompaña durante todo el viaje.  

Nosotras esperábamos encontrar una pequeña cueva, pero el niño nos acaba llevando por un camino resbaladizo, que solo hace que suvir y subir. Las piedras estsn tan afiladas que cortan, la vegetación se mezcla por donde pasamos y parece ser que este camino cuesta arriba no acaba nunca. Si en la otra cueva habíamos sudado, aquí parecía que nos hubieran tirado un cubo de agua. 

Finalmente el niño para, nos ha llevado hasta arriba de la montaña! Las vistas son increibles pero no podemos quedarnos mucho tiempo, parece que va a llover.

Bajamos con cuidado, intentando ni tropezar, ni resbalar, ni caernos. Por fin llegamos a los arrozales de nuevo, le damos una pequeña propina y seguimos nuestro camino para cambiarnos y comer algo.

Decidimos coger la moto y hacer 30 km para ver un enorme embalse. No se que esperábamos encontrar, porque mucho no ha valido la pens, pero hemos visto verde, verde, gente, casitas y puentes.

Regresamos a Vang Vieng donde devolvemos la moto, nos tomamos un helado y zumos naturales, recogemos un poco la habitación, a cenar y a dormir.

Mañana camino a Vientián.

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