Anoche nos costó dormir. Pasaban coches y había demasiado ruido. Incluso hemos llegado a pasar algo de frío, pero bueno, la etapa de hoy es corta y nos toca dormir en un hotel, así que podremos descansar mucho mejor.
Después de vestirnos y guardar la tienda de campaña, comemos unos croissants que teníamos para una emergencia y empezamos a pedalear a las 7:50 h. Los primeros 4,5 km son cuesta arriba, pero luego la tendencia de los siguientes 55 km es de bajada, con algunos repechos que nos hacen crujir los dientes.
Vamos por una carretera secundaria y, cuando llevamos 37 km, antes de desviarnos por la carretera principal para coger un camino de grava, paramos para comer una barrita, hidratarnos y ponernos crema solar.
El camino que cogemos es muy bonito y, de repente, nos encontramos con una enorme tortuga. Habíamos leído que por esta zona era bastante común encontrar tortugas terrestres y, por fin, hemos tenido la suerte de toparnos con una de ellas.
Llegamos a Konya y atravesamos la ciudad hasta el centro, donde hemos reservado el hotel. Konya es una de las ciudades más antiguas de Turquía y, además, fue la capital del sultanato selyúcida durante los siglos XII y XIII, por lo que cuenta con un importante patrimonio histórico y religioso. Como no son ni las 12, todavía no podemos entrar en la habitación, pero sí nos dejan guardar las bicicletas. Nos cambiamos los pantalones y callejeamos un poco en busca de algo para comer. Acabamos probando una especie de tortita enrollada con queso, muy rica, y después regresamos al hotel hasta que nos dejan entrar.
Nos instalamos, nos duchamos, limpiamos la ropa y montamos el tenderete en la habitación. Sobre las 15:00, a pleno sol, salimos para visitar el Museo de la Bicicleta, cuya entrada es gratuita. Nos ha parecido bastante interesante. Hay una cronología que explica cuándo surgieron las primeras bicicletas y cómo han ido evolucionando hasta la actualidad. También hay espacios dedicados a las distintas partes de la bicicleta, los materiales utilizados y la evolución de sus componentes. El museo tiene también una amplia colección de bicicletas de diferentes épocas y países, desde modelos antiguos hasta bicicletas de competición y de uso cotidiano.

Desde allí ponemos rumbo al Museo Mevlana, también de entrada gratuita. El museo ocupa el antiguo convento de los derviches giróvagos y es el lugar donde descansa Jalal al-Din Rumi, conocido como Mevlana, uno de los poetas y místicos más influyentes del mundo islámico. En su interior podemos ver su mausoleo, decorado con azulejos de color turquesa que se han convertido en uno de los símbolos de Konya, además de varias tumbas, antiguas salas de oración y estancias donde vivían los derviches.
Después hemos ido a comprar un cable de freno para la bici de Aída, hemos merendado y, como hacía mucho calor, hemos vuelto al hotel para hacer algo de tiempo antes de ir a ver el baile sufí que se celebra gratuitamente junto al Museo de Mevlana. La ceremonia, conocida como Sema, representa el viaje espiritual hacia la perfección a través de la música, la oración y el giro constante de los derviches, una tradición mística declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Ha durado aproximadamente 40 minutos y luego hemos callejeado hasta encontrar un lugar donde cenar. Hemos acabado tomando dos pides de carne picada (conocidos localmente como Etli Ekmek, el plato estrella de Konya, que es una especie de pizza alargada y finísima) y otra variedad igual pero con queso. Y también hemos probado el Sütlaç, un postre tradicional turco muy parecido al arroz con leche que se gratina al horno en cazuela de barro y que no estaba nada mal.
Una vez en el hotel, recogemos las cosas y nos vamos a dormir. Hoy estamos muyyy cansadas y mañana toca etapa larga.
