A las 7 estamos en pie. Creo que ya nos hemos acostumbrado a los rezos y el de las cinco y pico de la mañana ya ni nos despierta.
El desayuno del hotel estaba bien. En vez de huevo duro había una tortillita, también acompañada de patatas fritas.
Recogemos todo y a las 8:15 empezamos a pedalear, no sin antes parar a comprar agua fresca. La etapa de hoy no debía ser demasiado dura, así que hemos ido pedaleando y descansando solo cuando lo necesitábamos.
En el kilómetro 37, en el pueblo de Doğanhisar, descansamos en un banco a la sombra, acompañados de las cerezas que nos sobraron de ayer y de unas limonadas bien fresquitas.
Seguimos otros 26 km hasta Çiğil, donde nuevamente paramos a comprar un kéfir y agua. Nos quedan 20 km hasta el final y ahora viene la parte de desnivel más «dura». Y ponemos comillas porque no ha sido para nada dura. En todo caso, el calor ya apretaba porque eran las 13:00, pero se dejaba hacer muy bien.
Todo el día hemos estado en una carretera secundaria sin apenas tráfico, pasando por pueblos pequeñitos, campos de cultivo y grandes extensiones de cereal. Es una zona muy rural, donde la agricultura sigue siendo el motor de la vida cotidiana. Hemos ido saludando en todo momento a todas aquellas personas con las que nos cruzábamos o que veíamos trabajando en el campo, y casi siempre nos devolvían el saludo con una sonrisa o levantando la mano.
En Derbent hemos hecho la última parada en el supermercado para comprar algo de comer y cenar. Mientras Aída esperaba fuera con las bicis, una señora ha bajado del coche y le ha dado seis zanahorias recién salidas del huerto y una especie de garbanzos tiernos. Incluso le ha enseñado cómo pelarlos y comerlos.
Así que, con la compra del súper y las hortalizas recién cogidas, hemos ido en busca de un lugar donde pasar el resto de las horas del día y la noche. Primero nos hemos acercado a un embalse, pero no había casi nada de sombra, así que hemos acabado a las afueras del pueblo, donde apenas pasa gente,

con una fuente cerca para asearnos y una buena sombra para refugiarnos del calor durante el resto de la tarde.
Hemos comido hummus y yogur, hemos leído un montón, hemos limpiado y engrasado las bicis, y hemos cenado el último sobre que nos quedaba de fideos liofilizados junto con un par de fajitas con atún, tomate y pepino.
Cuando se ha puesto el sol, hemos plantado la tienda y, antes de dormir, un poco más de lectura y a descansar.
Mañana tenemos una etapa fácil hasta Konya, donde dormiremos en un hotel y conoceremos un poco más la ciudad, uno de los grandes centros culturales y espirituales de Turquía, famosa por ser la ciudad de Rumi y la cuna de los derviches giróvagos.
