Hemos dormido genial y hemos recogido y dejado todo incluso mejor de lo que lo encontramos.
Justo antes de salir, Aída se da cuenta de que tiene la rueda trasera pinchada, así que toca hacer cambio de cámara, la primera en 12 días (no está nada mal). Terminamos la reparación y nos ponemos a pedalear a las 8:15 h.
Nada más salir ya vemos que el viento sopla con fuerza. Los kilómetros se hacen largos y duros; parece que no avanzamos. A las 11:00 solo llevamos 30 km. ¡Qué calamidad!
En una gasolinera paramos a comprar unos palitos y algo de bebida fresca y, cuando estamos tomándolo en un ladito, aparece el señor que trabaja allí y nos regala dos aguas bien frías y dos helados. Increíble.
Volvemos al pedaleo, intentando hacer tiradas de 10-15 km. Nos da la sensación de que el viento ya no sopla tan fuerte, aunque seguimos teniéndolo de cara y de lado. Aun así, hemos pasado de pedalear a 10 km/h a hacerlo a 14 km/h, y esa pequeña mejora se nota muchísimo en el ánimo.

Las paradas nos dan fuerzas y seguimos la ruta. En nuestro lado casi no hay gasolineras y no podemos cruzar al otro porque hay un par de vallas, así que en ocasiones paramos en medio de la nada, miramos los kilómetros que faltan y seguimos pedaleando.
A los 80 km paramos en una gasolinera y compramos algo de frutos secos, zumo, galletas y agua. ¿Llegaremos a Sivas? Tenemos dudas; todo dependerá del viento.
Los últimos kilómetros se hacen más llevaderos, aunque ya estamos algo cansadas. Durante 4 km hemos tenido el viento a favor. Ha sido, sin duda, el mejor momento del día.
Por fin llegamos a Sivas una ciudad clave en la Ruta de la Seda y un importante punto de encuentro entre Oriente y Occidente.
Ya son las 18:00 y buscamos un hotel donde alojarnos. Necesitamos una buena ducha y descansar bien después de tantas horas sobre la bicicleta.
