Nos levantamos a las 7:30. Hubiéramos dormido más, pero cuanto más alarguemos, peor será.
Desayunamos leche con cereales y las galletas que compramos ayer, guardamos bien toda la ropa que acabó de secarse en la habitación, nos despedimos de la familia y salimos a pedalear.
Lo primero de todo es parar en un supermercado a por agua. Buena elección, pues no nos quedaba casi nada. Ahora sí, salimos de Poti pasando por el centro y cogiendo carreteras secundarias. La verdad es que la ruta de hoy ha sido casi perfecta. Hemos hecho muchos kilómetros prácticamente solas. Bueno, solas no… Durante los 100 km hemos tenido un montón de encuentros con vacas, cerdos, patos y caballos. Pero cuando decimos un montón, ¡no exageramos! En Georgia es muy habitual que el ganado campe a sus anchas, incluso en las carreteras, así que toca esquivar animalitos.
Hemos ido haciendo paradas para comprar agua o té helado. En total, cuatro paradas y ocho litros de bebida (cuatro cada una). Y la verdad es que el agua fría dura poco, muy poco, con el calor que hace.

Los últimos 15 km los teníamos estudiados. Llano, subida suave y una última subidita antes de los 2 km de bajada. Pues bien, parece ser que no estaba tan estudiada, ya que en algún punto nos hemos confundido. En vez de 15 han salido 22 y, en vez de 200 m de desnivel, 350, con rampitas del 13 %. Así es la vida, ¿no? Al final lo hemos hecho, casi llorando por el error y porque hacía tanto calor y nos quedaba tan poca agua que ya casi sufríamos. Suerte que sabíamos que eran solo 6 km más…
Llegamos al guest house de hoy, en Jvari. Una casa enorme, un poco tétrica por fuera. Picamos y nadie abre. Abrimos la puerta y decimos: «Hola». Al fondo, a lo lejos, se oye una voz… Aparece una señora mayor con problemas para ver y caminar. Entre traducciones entendemos lo que nos dice. La señora es bastante mayor y creemos que algo le pasa. No entendemos cómo puede estar ella sola en esa enorme casa atendiendo a personas como nosotras que vienen a pasar la noche.
Nos duchamos y, al cabo de poco, aparece la pareja alemana que conocimos hace dos días. ¡Qué ilusión! Ahora somos cuatro en la casa encantada con la señora que habla y canta sola.
Salimos al supermercado a por bebida y algo para cenar. Vamos con la pareja e intercambiamos opiniones sobre Georgia y sobre la casa en la que nos encontramos. La situación es graciosa, pero suerte que ellos también se han quedado aquí.
Hace bastante calor, no hay aire acondicionado y tampoco wifi. Cenamos unos noodles y pan con queso y frijoles que hemos comprado.
Finalmente subimos a la habitación a descansar y a estudiar bien la etapa de mañana. ¡Se viene subida!
