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Día 26. Viaje a Bajawa

Son pasadas las 7.30 de la mañana cuando un mini autobús nos viene a buscar. Es, a diferencia de los de Tailándia o Laos, todo un lujo. Asientos cómodos y ámplios, aire acondicionado… nos montamos y enseguida paramos a recoger a las Murcianas. En menos de 20 minutos se llena el minibús y nos hacemos a la idea de las 4 horas que nos esperan antes de llegar a Ruteng.

Hacemos un par de paradas para estirar piernas e ir al baño. Pasamos por arrozales y paisajes espectaculares.

Una vez llegamos, nos toca esperar casi dos horas antes de coger el siguiente autobús que nos lleve a Bajawa. Pensábamos que iba a ser una larga espera pero, para nuestra sorpresa, aparecen niños y niñas ha hacernos preguntas en inglés. Un chico nos pregunta si nos gustaría conocer su escuela así que, contentas, afirmamos.

La escuela estaba a escasos metros de la parada de autobús. Conocimos las aulas, al director, diferentes profesores y a la proferosa de inglés quien nos invitó a su clase para poder conocer a los alumnos/as e intentar practicar el inglés con ellos.

Ésta era una escuela de turismo, orientaban a los alumnos para que, al terminar los estudios, pudieran trabajar dn hoteles. Los modales, la sonrisa, la educación estaban presentes en todo momento. Nos convertimos en el centro de atención explicando cosas a cerca del viaje y todos parecian encantados de poder entendernos.

Enseguida se hizo la hora y tuvimos que irnos. 4 horas más para llegar a Bajawa por una carretera serpenteante. La niebla se apoderó de las vistas y la lluvía empezaba ha acercarse. El autobús nos dejó en una intersección, a 2km del pueblo y de ahí compartimos un taxi. Eramos 7 más el conductor y las mochilas. Todos íbamos a hoteles diferentes.

Helena y yo bajamos las primeras. Nos dió tiempo a instalarnos, comprovar que no había agua caliente y a buscar información acerca de lo que se podia ver a los alrededores. Más tarde fuímos a buscar a las murcianas y en busca de donde cenar.

Después de ver varios menús, acabamos en Titos Restaurant, al lado de nuestro guesthouse. Música en directo de un pequeño grupo local que sorprendia por su tremenda y espectacular voz.

Conversamos con el dueño o trabajador del restaurante acerca de nuestros planes para el día siguiente y se ofreció a ser nuestro chófer por un precio razonable. Aceptamos y quedamos con el para mañana. Esperemos que todo vaya bien.

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