Día 11. Viaje a Santiago de Cuba

No podiamos ser más gafes. A las 2.00 de la madrugada a llegado el autobús pero por lo visto habían vendido más asientos de los que había. Después de barajar opciones no hemos tenido otra que subirnos, estirarnos en el pasillo y esperar a que se fuera bajando gente en las diferentes paradas.

2 horas más tarde, aproximadamente, han bajado 3 personas. Nosotros, asqueado de estar tumbados en el pasillo notando pies por doquier, nos apresuramos a coger los 3 espacios que quedan. Dos están delante y se van turnando con el ayudante del conductor el resto estamos detrás. Los asientos no se pueden reclinar, estamos apretadisimos, las piernas no las podemos ni mover y, encima, sale un aire caliente que imposibilita dormir nada. Cristina ahora está en el suelo, parece que se ha acomodado y todo.

Sobre las 8 de la mañana hacemos otra parada y, por fin, podemos sentarnos en sitios más decentes. Seguimos a la cola del autobús pero no podemos quejarnos. Han subido también otros pasajeros, entre estos una familia con niños que se sientan donde estábamos antes nosotros.

Pensábamos que las siguiente 7 horas iban a ser tranquilas pero, de golpe, una niña se levanta y empieza a vomitar a bocajarro detrás nuestros. Apunto de morir asqueados, aguantamos la compostura y nos tapamos la nariz. Hay que decir que el padre, cuidadosamente lo ha intentando limpiar todo (y eso que no era poco).

Las horas han ido pasando, más o menos bien, aunque no hemos podido dormir. Entre el tembleque del autobús, el ruido, la niña que seguía vomitando de vez en cuando y las paradas donde bajaban pasajeros… Parecía que esto no se fuera a acabar nunca.

Por suerte a las 14.30h llegamos a Santiago de Cuba. Montamos en un taxi que nos deja en el centro y buscamos donde dormir. Hace muchísimo calor, exagerada. Después de preguntar y ver varias casas durante 30 minutos, finalmente nos quedamos con la que consideramos que es la mejor. Mala suerte la nuestra al ver que habían cortado la electricidad (nos cuentan que está por venir otro periodo especial y hacen cortes de electricidad asiduamente, ya nos pasó en Trinidad y Remedios…). Nos duchamos sin luz y a la espera de volver al anochecer y poder encender el aire acondicionado.

Ducha, cambio de ropa y salimos a comer (son las 17.00).

Santiago tiene largas y empinadas calles. Enfrente de la catedral hay una plaza muy bonita que sus fachadas nos recuerdan a casas costeras del norte.

Paseamos por la calle comercial (con sus tiendas cerradas) y llegamos a una gran avenida donde parece que van a desfilar comparsas de niños. Antes, nos refrescamos con un zumo natural de limón y un trozo de pastel de chocolate.

Al salir ya es de noche pero la música empieza. Preguntamos y pagamos 3 CUC por subirnos a una plataforma los 6 y ver como los niños desfilaban.

Aun ser las 21.00 hacia mucho calor. No podemos imaginar como estarían sudando los niños/as, que iban con vestidos, disfraces, pelucas y gorros enormes a la vez que bailaban. Nos recuerda, un poco, a los carnavales de Brasil que hemos visto por la tele.

De vuelta a casa, callejeando y a las 12.00 a dormir, ha sido un día intenso de apenas descanso.

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