Día 3. Chachapoyas y poblado de Kuelap

A las 6.20 de la mañana llegamos a Chachapoyas. Es temprano y el ambiente es fresco. Aunque teníamos unos asientos comodisimos para poder dormir perfectamente, el constipado de una y el mal de barriga de la otra, no nos han dejado descansar muy bien. Aparte, el recorrido está compuesto por miles de curvas y baches constantes.

En Chiclayo hemos aprovechado a comprar los billetes de ida a Trujillo (65s) y hemos provado suerte con el hostal. Nos han dejado entrar a las 7 de la mañana así que hemos descansado 1 hora y nos hemos puesto en marcha, dirección al centro del pueblo.

Al estar en época de fiestas patrias, toda la plaza central está llena de policías (de todo tipo) y cuerpos especiales de seguridad (bomberos, personal sanitario, forestales…)

El desayuno es en una cafetería monisima en el centro mismo de la plaza, con conexión wifi y comida riquísima y a buen precio.

Al acabar, hemos dado una vuelta a la plaza, preguntando acerca de excursiones que se podían hacer hoy. Finalmente nos hemos decidido por la excursión al poblado Kuelap, a 3000 metros de altura.

Después de esperar varios minutos (30) nos metemos en una furgoneta compartida y, tras 90 minutos de viaje y a toda prisa, bajamos y entramos en un restaurante para decidir nuestro menú que degustaremos más adelante. Luego, subimos caminando un poco hasta la estación de telecabina donde antes subimos en un mini bus para llegar a la telecabina que nos llevará a las puertas de Kuelap.

Arriba, nos dan los tiquets y subimos con un guía poco hablador. Son 2 km hasta la cima, por un camino bien cuidado y acogedor. Hay gente que sube a caballo (innecesario totalmente). El clima es bueno, sobretodo porque nos da el sol pero cuando éste se va, toca abrigarse. No debemos olvidar que estamos a 3000m de altitud.

Una vez arriba entregamos los tickets y el hombre que controla se queja diciendo que tenemos un ticket de niño. Que listo el que los ha comprado!! Se ha quedado con la diferencia! Por suerte, nos dejan pasar, pero más tarde nos quejaremos.

El recinto no es extremadamente grande. Nos cuentan que habitaron hasta el 1570 pues sobre el 1532 los españoles vinimos y nos quedamos con todo enviando a la gente a otros poblados…

Las casas son redondas (bueno, lo que queda de ellas), aunque se conserva alguna rectangular de cuando llegó la cultura Inca posteriormente. Todas tenían la piedra para moler y un agujero en el suelo pues ahí metían a los muertos, para convivir con ellos en casa, una vez el proceso de descomposición había pasado… También tenían dos plantas, la parte de arriba estaba cubierta de paja o similar.

Había alrededor de 400 viviendas que se construyeron sobre el año 500 DC. Y, como he dicho antes, estuvieron 1000 años. Se cree que la gente que habitaba era de ojos claros y cabello rubio.

Hacemos el camino de regreso, con el teleferico, el bus y llegamos al restaurante donde, después de esperar bastante rato, nos atienden. La comida llega tarde y fría. Pero bueno, tenemos hambre.

Al acabar, regresamos en una furgoneta y junto con un peruano, vamos a la oficina del tour a quejarnos (por el precio de la entrada i el servicio ofrecido). Finalmente, nos devuelven 15s a cada una por las entradas y firmamos el libro de reclamaciones con la queja que hace el peruano.

La tarde acaba buscando una lavandería para dejar la ropa mañana por la mañana. Una ducha de agua hirviendo y dos capítulos de la casa de papel. Estamos tan cansadas que hoy no saldremos a cenar, nos toca descansar.

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