Día 9. Arequipa

Aunque cueste de imaginar, a las 6.20 ya estábamos todos despiertos. Ronroneamos en la cama hasta las 7.30, hora en la que nos ofrecen el desayuno y salimos caminando hasta el centro de la ciudad.

Estamos a escasos 15 minutos y, tan sólo llegar, ya nos percatamos que Arequipa, es una gran ciudad. Su enorme plaza de las armas y la catedral dejan al descubierto dicha afirmación. En la plaza, están celebrando una fiesta en recuerdo a la independencia de Arequipa (parece ser que todos los sitios a los que vamos están de celebración) y hay policías, gente “importante” (o eso suponemos) y bailes y música tradicional.

Nos dividimos para buscar el mejor pack en las agencias de tours. Queremos ir al valle del colca, a chivay, a Cruz del cóndor, a puno y al lago titicaca. En función de lo que queremos, las agencias nos hacen un plan adaptado y, después de comparar nos decidimos por una donde nos han ofrecido un trekking y ayudarnos en las conexiones posteriores hacia Cuzco.

Son tan sólo las 10 de la mañana y ya tenemos los siguientes 4 días organizados. Nos hemos sacado un peso de encima. Ahora toda disfrutar de los encantos de la ciudad. La majestuosa catedral no se puede visitar hasta las 17 así que callejeamos por calles céntricas y acabamos en una galería de arte con homenaje a Vicent Van Gogh.

Seguidamente vamos al convento de Santa Catalina. Habíamos leído que era de parada obligatoria y, aunque no estábamos muy seguros de entrar, lo acabamos haciendo. Total, que otra cosa podíamos hacer?

La entrada al convento son 40s y luego hemos solicitado el servicio de una guía para nosotros (20s). Hay que decir, que ha merecido la pena entrar pues hemos descubierto una pequeña ciudadela dentro de la ciudad de Arequipa, llena de curiosidades.

El convento tiene más de 500 años y sólo hace 40 que está abierto al público. Es un convento para monjas de clausura. Actualmente hay solamente 12 pero antiguamente hubieron hasta 140 monjas.

Las monjas, no podían salir pero había unos espacios habilitados como locutorios donde familiares suyos podían venir a conversar con ellas a través de unas rejillas de madera y donde alguna otra monja escucha también esas conversaciones para que no fueran impuras. Había otras salas que si eran privadas (también a través de rejillas) pero era para las madres superioras.

Las monjas entraban generalmente porque la familia pagaba una dote para que estas estuvieran ahí. Antiguamente era como tradición que la segunda hija entrara como monja (1r hijo cura, 2nda monja, 3o militar i 4a para cuidar a los padres cuando fueran mayores).

De 1 a 4 años era una prueva para las novicias. Estas salían a las 7.30 de su habitación privada para ir a la misa de la mañana y luego volvían a su habitación y a media tarde para pregar todas juntas. Tenían criadas que les hacían la compra, cocinaban e iban a recados por ellas ya que ellas no podían relacionarse con nadie. La habitación era pagada por la familia. Si superaban este periodo de prueva, luego podían relacionarse con las demás monjas, cambiar de habitación por una mejor, etc.

Tenían diferentes espacios para hacer las cosas conjuntamente pues al principio cada monja lo hacía en su propia habitación donde disponía de cocina. Pero con el tiempo reestructuraron el monasterio, no sólo para abrirlo a turistas y modificar edificios por los múltiples terremotos, sino para mejorar ellas y hacer más cosas en común. De esta manera hicieron una cocina más grande, con hornos y comían todas juntas en el mismo comedor (en silencio mientras una leía salmos), también hacían labores de cosido, repostería para vender (actualmente también se hace) y una lavandería comunitaria. Entre otros acogía a niños abandonados y les daban cobijo y educación.

Y bueno… Muchísima información. El lugar nos recuerda a pueblos del sur de España, por el colorido y la estructura.

Al salir, hemos ido a comer un menú muy barato y bueno. Una sopa de verduras abundante y arroz con frijoles/pescado… Y luego nos hemos comido una creep de chocolate riquísima.

Hemos caminado hasta un mirador para ver las montañas y volcanes que rodean Arequipa y hemos vuelto a la Plaza de armas para entrar a ver la catedral.

El día a finalizado tomando unos mohitos y cenando un abundante menú variado en una de las terrazas de la plaza central muy rico y económico. El sitio se llama Jayari, la mujer, encantadora Esther. +51 950701376. No dudéis en ir

Pasadas las 22.30 ya estábamos en la cama. Toca dormir pues a las. 2.45 sonará el despertador… Nos toca un trekking por el cañón del colca.

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