Día 13. Isla Taquile y Puno

Nos hemos levantado congelados. Eran las 5.45 cuando sonaba el despertador y a las 6 ya estábamos desayunando.

Rebeca nos ha preparado unos creepes con mermelada y té y, después de despedirnos de ella, hemos ido al puerto.

En el puerto nos hemos juntado con los demás pasajeros y nos hemos metido en el barquito. Tenemos una hora hasta Taquile.

Nos dejan en el puerto y tenemos una caminata de unos 45 minutos hasta la plaza de las armas del pueblo. José decide quedarse en el barco, no tiene ganas de más subidas. El, junto a otros viajeros, se quedan en el barco y este les lleva a otro puerto donde iremos más tarde nosotros.

El camino no se hace pesado, la subida no es tan pronunciada como esperábamos. Cuando llegamos a la plaza de las armas, vemos que están montando un mercado, eun mercado artesanal que justamente acaba hoy y, por ello, salen hombres y mujeres bailando y tocando en círculo.

Nos entra el hambre (claro, hemos desayunado a las 6.00h) y comemos una brocheta de una pequeña paradita. Acabamos provando carne de alpaca. Si, ese animal tan bonito con el que nos fotografiamos. Ahora nos sentimos culpables…

Estamos un rato en la plaza y a las 10.30 viene nuestro guía (Darwin), y nos lleva a comer. Sí, sí, a comer a las 10.30! Pues nada, una sopa, una trucha con patatas y te.

Bajamos por otro camino, este con escalerillas y llegamos al otro puerto. A José y al resto les entregan su comida en unos tupper de plástico y lo comen de camino a Puno.

Las casi 3 horas de viaje nos las pasamos tomando el sol y haciendo masajes. Resulta que José es osteopata y nos enseña algunas técnicas.

Cuando llegamos a Puno vamos a la estación de bus ha dejar nuestras mochilas y paseamos hasta el centro. Por el camino encontramos un mercado donde nos tomamos un zumo natural y seguimos callejeando.

Finalmente acabamos en un bar tomando Pisco, esta vez estaba muy cargado y no nos ha gustado tanto… Más tarde hemos cambiado de bar donde hemos cenado antes de coger el bus nocturno hacia Cuzco.

El bus no se reclina del todo pero es bastante cómodo. Antifaz, manta y a dormir. En alguna parada a entrado un señor, le llamaremos Pavaroti, para acordarnos de sus ronquidos nocturnos. (la cosa buena de ser sorda es que apenas prestaba atención…)

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