Día 20. Cáceres – Mérida 72 km

A las 7.30 ya estamos encima de la bicicleta. Salimos de Cáceres pedaleando por el centro de la ciudad hasta encontrar un pequeño camino que, tras varios quilometros, nos conduce hasta la nacional.

Desde que entramos en Extremadura, vemos carteles de la eurovelo 1 que cruza toda Extremadura por caminos de firme estable y pendientes moderadas. El camino de Santiago va paralelo a éste o, incluso, en muchas ocasiones coincide, así que nosotras tomamos la variante que mejor nos convenga según si estamos cansadas o vemos que el paisaje es más bonito.

Hasta el Cruce de las Herrerías, es decir, 38 km después de Cáceres, el camino por carretera sube y baja constantemente (sube más que baja), pero no se nos hace extremadamente pesado. Aquí, paramos a descansar y reponer energías aunque, ahora, el perfil mejora y nos toca más bajada que subida.

Nos desviamos para entrar en Mérida pasando junto al embalse de Prosperina donde, de nuevo, hacemos una pausa para descansar y ponernos crema. Ahora el sol ya aprieta.

Por un carril bici y en subida afrontamos los últimos km de la etapa de hoy hasta Mérida. 72 km marca nuestro reloj al llegar al hostal y no son más que las 12.30h del medio día.

Sacamos el equipaje de la bici y volvemos a montar en ellas para ir al decathlon en busca de una bombona de gas. Pedaleamos 3,3 km y, para nuestra sorpresa, no había bombonas, así que hemos ido hasta ahí por amor al arte (o a la bici, o al decathlon. Ya no lo sé).

De vuelta, paramos a comprar la comida en un súper. Lasaña, patatas fritas, un refresco y iogurt de platano. (tenemos micro en el hostal).

Después de descansar y dejar que bajara un poco el sol, hemos salido a ver el casco histórico. Hemos comprado una entrada que nos daba acceso a varios recintos de interés cultural (la entrada cuesta 16 euros pero al tener el carnet jove, nos ha salido a 8). Hemos ido a ver la cripta que está debajo de la basílica de Santa Eulàlia, el teatro y anfiteatro y también la zona de la entrada por el puente y su arco de acceso. La verdad es que hay cosas que están muy bien conservadas, otras dejan que desear, aunque hubiera sido fantástico encontrar paneles informativos porque solo mirando poco te puedes imaginar de lo que fue todo aquello en su día.

Después hemos ido a comprar la cena (puré de calabacin, burrito de pollo y queso) y, tras comerlo, nos hemos dedicado a buscar vuelos de vuelta así como hoteles para estos próximos días. Al acercarnos a sitios más turísticos es importante reservar con antelación.

Lo mejor es que hemos comprado un vuelo con dos días antes de lo que queríamos. Pero Ryanair nos ha dejado modificarlo sin cargo alguno. Menos mal!!

Ya toca dormir y descansar. Mañana tenemos 100 km i 900 de desnivel hasta Monesterio.

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