Día 3. Estambul. Totkapi y Bósforo

Hoy ha sido una noche muy calurosa, ya que se ha ido la luz y ha dejado de funcionar el airr acondicionado. Todo un drama.

Nos hemos levantado a las 7 de la mañana y después de desayunar y recoger las cosas, hemos ido a pedir un taxi para llevar las cosas al otro hotel. Mala suerte la nuestra, ya que nadie nos quería llevar porque estaba muy céntrico y es un lío de calles y tráfico. Tras intentarlo durante bastante tiempo, lo hemos conseguido.

Para colmo teníamos reservado un tour por el palacio de totkapi a las 10.00h y nos han dejado al hotel a las 9.45h. Así que cris se ha ido hacia el lugar del tour y Oscar y yo hemos ido a dejar las mochilas y hemos ido rápidamente al lugar de encuentro.

Nos ha hecho el tour el mismo guia que ayer. Su nombre artístico (así es como el lo dijo) es «Edu», aunque se llama Erdem Alacoz. Have varios tours por la ciudad de Estambul. Nosotros lo contratamos a través de civitstis, junto con otras personas. Pero se puede contactar y reservar a través de el en el siguiente número de teléfono: +90 532 612 69 04

Bueno, sigo: hemos llegado con solo 10 minutos de retraso y aun así hemos esperado. Nos han explicado muchas cosas acerca del palacio, pero voy a dejar las que me han parecido más interesantes:

El palacio tiene más de 700 mil metros cuadrados. Vivían alrededor de 4000 personas. 1500 eran sirvientes, 500 eran miembros de la familia del sultán y el resto eran soldados. Hay una de las cocinas más grandes del mundo. Se consumían 40 vacas diarias para poder alimentar a todas las personas que vivían ahí.

El palacio está situado en la punta de la península, en lo alto de la colina, rodeado de murallas. Era muy difícil de conquistar.

Justo en la puerta de entrada, entre dos torres de vigilancia está escrito en árabe «Hay solo un Dios y Mahoma es el profeta». Hay que decir que, la entrada principal era antiguamente la salida actual y da a recordar al castillo de Disney.

Una vez entramos, a mano izquierda encontramos el parlamento, que data del siglo XVIII. Hay una torre de vigilancia en el mismo parlamento pues no querían que nadie se acercara si había ministros reunidos. Dentro hay divanes (pequeños sofás donde se reunían para estar más cómodos).

También hay una pequeña sala escondida donde el sultán se colocaba cuando los ministros se reunían, pero nadie sabía si estaba él o no.

El parlamento está restaurado por dentro y han dejado varias zonas sin restaurar para que se contemple el buen trabajo que hacen.

Encontramos una sala con la colección de relojes del sultán, todos del siglo XVIII.
También salas de armas, armaduras y espadas que fueron usadas de manera ceremonial. Escudos de seda (es la segunda tela más fuerte cuando esta está enrollada 300 veces entre sí). La primera es la tela más resistente es la de araña (pero claro, no tenían suficiente, jeje…)

Hay el quinto diamante más grande del mundo. Diamante del cucharero. Se encuentra hace 400 años y lo compran por tres cucharas hechas con hueso de camello (pues no sabían de su importante valor).

Hay un gran árbol que tiene alrededor de 500 años. Sobrevivió a un incendio que se produjo al lado de las chimeneas de las cocinas durante el siglo XIX.

El Harem actual se construyó 100 años después. El antiguo Harem estaba cerca de la actual Universidad y fue la mujer del Sultán (una Ucraniana muy guapa), quien consiguió que lo construyera en el Palacio.

En él encontramos pequeñas salas y los baños. Estos son completamente de mármol. Tenían grifos con agua fría y caliente y se acostaban encima de los mármoles pues estos estaban calientes, ya que había tuberías por debajo para facilitar la temperatura. El mármol es un buen conductor de temperatura (tanto de frío como calor). Tras echarse agua y estar tumbados en el mármol (por ambos lados) se hacían la exfoliación. Hoy en día también se hace, aunque lo hacen más las mujeres que los hombres. Normalmente una vez a la semana van a uno de los baños para hacerse una exfoliación.

Podemos ver también una gran sala de reunión del sultán donde se encontraba con su madre y mujeres y ahí conversaban o disfrutaban de pequeños espectáculos y tomaban el té.

La habitación del sultán tiene 2 camas. Una donde tenía relaciones sexuales y la otra para dormir y descansar bien después de haberlas tenido.

La medida del turbante significa el nivel educativo. Cuanto más grande, más educación tiene. Es por eso que los sultanes tenían los turbantes más grandes pues desde pequeños tenían profesores particulares que les enseñaban todo lo que debían de saber, incluso 5 o 6 lenguas.

Y bueno, hasta aquí he sido capaz de retener. Luego se me ha hecho un poco pesada la visita, no por nada en especial sino porque no me interesaba demasiado seguir viendo pistolas, armaduras, salas, etc.

Al salir hemos ido a comer un plato típico que contenía, como ayer, un poco de todo. Hemos comido en una terraza con unas bonitas vistas y, rápidamente hemos ido a empezar el segundo tour que nos iba a hablar sobre la mezquita de la pequeña Santa Sofía.

Esta fue construida como iglesia ortodoxa en el siglo VI y convertida en mezquita en el siglo XVI.

Por dentro está decorada con columnas y decoraciones griegas y por debajo tiene unas cisternas (como todas las iglesias ortodoxas) pues desde ahí subían el agua para bautizar a los fieles.

Cuando hacen el discurso los viernes en el segundo turno de los rezos, hablan sobre cosas de actualidad. Los discursos son dados en lengua turca no en musulmán pues aunque sean mayoritariamente musulmanes no tienen por qué saber esta lengua. Lo que sí que hacen es cantar canciones del Corán.

En la mezquita los hombres y las mujeres no pueden entrar a rezar juntos. Generalmente hay un balcón donde están las mujeres y si no lo hay, ponen una cortina para separar hombres y mujeres.

Hemos seguido el tour hasta coger un barco que nos ha llevado a ver la ciudad de Estambul desde el mar, cruzando una parte del cuerno de oro y hemos podido contemplar unas bonitas vistas desde diferentes perspectivas.

Hemos cruzado al lago asiático y hemos paseado por la calle de las tiendas antiguas (de más de 100-150 años de antigüedad) donde venden productos típicos turcos.

De ahí, hemos paseado por el paseo junto a la orilla del Bosforo donde la gente paseaba y tomaba te y pastas contemplando el atardecer. Nosotros hemos estado haciendo fotos y hemos acabado tomando unos pasteles muy ricos en lo alto de una de las terrazas.

A las 20.30 hemos ido en busca del metro submarino que nos ha llevado al otro lado de nuevo. El billete ha costado 17 liras turcas (1,7 euros). Como curiosidad, en el centro de la ciudad no hay metro porque por lo visto cuando lo iban a hacer encontraron ruinas y cada vez que lo intentaban debían parar las obras, así que decidieron hacer tranvías.

Bueno, hemos caminado por el centro, ahora si que se puede pasear sin morir de calor, jeje.. Y hemos avanzado cenando en una terraza de un hotel cercano al nuestro (por la zona de Sultánahmed).

A las 12 estábamos en el hotel, dispuestos a descansar un poco.

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