Dia 24. La Odisea del tren

La noche prometía. Nos esperaban 14 horas de tren en una cabina diminuta dónde entraban 6 personas. Dos literas triples por banda, de escasos 50 centímetros de ancho. Óscar y yo, dormíamos en la misma cabina, en la litera más alta, sin la posibilidad de permanecer sentados en ningún momento pues teníamos el techo encima. Sara y Cris, en la cabina de al lado, se encontraban en las mismas condiciones.

Instalados en lo que sería nuestras siguientes 14 horas, nos tumbamos. Hay un cojín y una especie de edredón que debe haber usado bastante gente antes, aunque no se ve sucio. Tenemos un enchufe para cargar los dispositivos electrónicos y una pequeña luz.

La puerta de la cabina permanece abierta todas las horas del trayecto. Debajo nuestro hay varias personas. En ocasiones 2 por cama. Los niños gritan a todas horas, entran, salen, corren… La gente habla en voz alta, sin importar la hora ni el descanso de los demás. Hay quienes ven una peli a todo volumen sin cascos, y quiénes hacen videollamadas y no se cortan en hablar para que todo el tren se entere. De vez en cuando, por el pasillo gritan algo… Son azafatos que venden comida.

Los vecinos de las literas de abajo comen y el olor sube hasta arriba. Ya sea sopa, bocata de algún embutido fuerte o lo que sea. Tenemos un bebé, no se cuándo ha llegado, pero llora y grita. Le dan de comer y le ponen los dibujos con el móvil…

El tren se mueve bastante. Y hace constantes paradas. En ocasiones parece que vaya ladeado. Pita y frena bruscamente. Afuera llueve, lleva toda la noche y parte del día lloviendo.


Los baños no están mal. Están al fondo o al principio del vagón. Hay una taza de water y una de esas que debes estar de cuclillas. Si el tren está en movimiento es todo un logro salir de ahí ileso.

Debíamos llegar a las 12:30h pero hemos acabado llegando casi a las 14h. Por lo tanto han acabado siendo casi 16 horas. Al salir del tren llueve a mares, cogemos un taxi hasta el hotel, dejamos las cosas y vamos a comer.

Estamos un poco de bajón. Después del largo viaje en tren lo último que esperábamos era lluvia. No podemos hacer nada, así que nos resignamos a comer algo y celebrar el cumple de Cris que hoy hace sus 33 años. Ha soplado las velas en unos bollitos que compramos. Mucho más no podíamos ofrecerle, pobre…

Era bastante tarde cuando hemos acabado de comer así que hemos ido en busca de un banco y de una joyería para poder cambiar dinero. Luego, hemos regresado por un mercado y por la zona de la playa. Suerte que ya no llovía.

Da Nang tiene una extensa playa con montones de hoteles. Seguramente en un dia claro hubiéramos visto esta zona de otro color…

Hemos intentado buscar una lavandería para la ropa pero nos ha sido imposible que la lavaran de hoy para mañana a primerísima hora. Así que, como ya oscurecía y en vistas que no podíamos hacer nada más, nos hemos duchado y nos hemos ido a dar un masaje por 8€. De alguna manera debíamos de salvar el dia, no?

Y, os diré más. Para seguir con la celebración de los 33 de Cris, hemos ido a buscar una hamburguesería para cenar y ha sido todo un acierto!

Mañana iremos en bus local a Hoi An (si lo encontramos). Esperemos que el tiempo nos de una tregua.

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